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La Calle

A lucky day

El temor de los carros velocesSon las siete y treinta de la mañana, me dirijo a la parada de ómnibus en la avenida francisco Vicente Aguilera en la ciudad de Bayamo, en los frentes del parque Infantil Los caballitos.

Estacionada detrás de una larga fila de personas, espero pacientemente la guagua, para estas circunstancias refuerzo mi dosis de paciencia, porque la mayoría de las veces, necesito más de la que tengo a fin soportar una hora por un transporte en esa ruta.

Hoy no fue un día diferente, desde que salí de casa me cargué de energía positiva para ayudar un poco mi suerte, pero fue inútil. Volvía a ocurrir.

Un atisbo de felicidad me produjo la imagen de un ómnibus estacionado a unos metros de la parada, de él se desmontaban numerosos pasajeros, al instante pensé, hoy es mi día, el transporte está seguro.

Erré en mis pensamientos, de seguridad solo quedó la estela del humo cuando la guagua partió con las puertas semiabiertas y en su interior se distinguían rostros agolpados unos contra otros, una madre con su hijo en alza en espera de un buen freno para acomodarlo en su regazo y señoras a punto de taquicardias debido a la algarabía producida en el interior.

Absorta observé el panorama sin esperanzas de montar, pero feliz de no ser aplastada por esa masa de personas que solo pensaban en subsistir y llegar vivas a sus destinos.

Se veían correr veloces autos de diversos organismos estatales de la provincia. Que duda la mía, ¿acaso esos conductores desconocen la responsabilidad que poseen las entidades como apoyo al transporte público? ¿Quién responde por el bienestar de los peatones, quienes dependemos del transporte público para iniciar la jornada laboral?

¿Será que la reciente donación de 20 nuevos ómnibus a la provincia no suple aun la demanda en las calles bayamesas? o ¿depende de una mejor organización de nuestro transporte para priorizar las principales arterias de la ciudad en el horario de la mañana?

Con esas y otras interrogantes en mi cabeza, continué mi camino, agradecía el aire fresco de la mañana, el saludo de los vecinos que me observan pasar todos los días, hasta que llegué a la segunda parada y con pensamiento optimista, dije, de aquí solo me voy en guagua.

Pues mire que sí, la guagua llegó, varias personas se desmontaron y cuando íbamos a subir, el chofer, con ceño fruncido señaló hacia adelante, ninguno de la fila entendió y él partió con su guagua vacía y nosotros allí, aun en la parada.

Definitivamente, todo estaba muy claro, hoy volvía a recorrer el trayecto. Una, dos, tres cuadras, miraba hacia atrás en espera de un aventón y nada; cuatro, cinco, seis, ya casi llego, solo falta el paseo bayamés, por fin diviso el logo de CMKX, sin mayores percances rebasé la travesía de hoy.

Mañana será otro día, otro día en que cruzo la calle, me instalo en la parada a esperar por un alma caritativa que se apiade de las señas, u olvidar mi integridad física y viajar con el rostro plasmado en uno de los cristales de la puerta del ómnibus.

En fin, la historia de nunca acabar.

 

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Acerca de ariacorona

Licenciada en Periodismo. Graduada en la Universidad de Holguín. En la actualidad trabajo como redatora- reportera en los servcios informativos de Radio Bayamo, Cuba.

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